domingo, 30 de octubre de 2016

"Tentempié a medianoche."

Una sórdida noche en una de las calles más concurridas del París de 1760. Bell se encontraba realizando uno de sus servicios en el prostíbulo con más renombre de todo país. Cuando Francesca escuchó ruidos y gritos, supo que otra vez lo había vuelto a hacer.

Aceleró el paso escalera arriba, sabiendo lo que iba a encontrar segundos después y ordenando a todo el mundo que encontraba a su paso bajar rápidamente al vestíbulo. Preparó a las chicas para distraer al resto de clientes en el gran salón, no quería que nadie fuese testigo de lo que en la primera planta acababa de acontecer.

Minutos después de desalojar la planta, entró con paso decidido, observando el charco de sangre.
–Bell ¿Cuántos van ya este mes? ¿Cinco? ¿Qué te ha hecho esta vez? ¿Una nalgada demasiado atrevida?– Puso la mirada en blanco cuando se encontró con los ojos de la bruja, cubierta de sangre y un cuerpo inerte en el suelo. El señor Evans. Entendía por qué lo había hecho, ese hombre siempre había sido un ser repugnante. Pero allí, en su negocio… ¿Qué pasaría si se corriese la voz de que una de sus prostitutas iba asesinando a sus clientes?

–Bell, no olvides que eres una más aquí. De las mejores chicas que tengo, cierto. Por eso sigo aguantando estos ataques de histeria. Pero deberías dejar de intentar colmar mi paciencia.– Cogió las sedosas sábanas de satén que cubrían la cama de la habitación y las pasó por encima del cadáver.

–Oh vamos, Francs, ese tipo se lo merecía y lo sabes muy bien. No ha sido para tanto, creéme.– Francesca ignoró sus palabras, tenía demasiadas cosas en la cabeza ahora mismo como para intentar que Bell entrase en razón. Si de algo estaba segura, es que después de un atracón, Bell no era una persona razonable.

 –¿Cómo vamos a hacerlo esta vez? Estoy cansada de cortar trozos. Dejaré esta planta desalojada para ti durante un par de horas. Espero que para cuando vuelva te lo hayas terminado y queden solo los huesos que servirán para avivar el fuego de la caldera. Sino, Bell te lo advierto, estarás fuera mañana mismo.

Bajó al vestíbulo y entabló conversaciones con clientes y prostitutas, intentando averiguar si se habían percatado de algo de lo sucedido arriba. Nada. Menos mal, con suerte Bell se acabaría dando el banquete de su vida y esa noche solo habrá sido una más para el resto del mundo. Un ruido la sacó de su ensoñación y disculpándose con los allí presentes, volvió a subir, agudizando el oído. Al entrar encontró a Bell relamiéndose los labios, dejando un último hueso sobre la sábana.

–Muy bien, Bell. Mañana nos ocuparemos de los restos. Y prepárate porque será un gran día. Ahora, descansemos. Después de esta noche, espero que no vuelva a pasar algo así en mi club. Si te apetece darte un festín, te vas al callejón. Pero en mi local no vuelvas a hacerlo o te juro, que arderás en el infierno y sabrás de verdad lo que es el miedo.– Francesca apreciaba a Bell, la acogió en su día como la hija que nunca tuvo, por eso consentía tantísimos asesinatos y le daba una oportunidad más cada día. Creía conocerla. Pero lo que ella no sabía de la bruja, es que esta, ya había ardido antes en el infierno y vuelto de esas mismas cenizas para seguir con su locura y lograr llevar a cabo su venganza.

Para el concurso #historiasdemiedo con @Zendalibros e @iberdrola

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